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miércoles, 18 de diciembre de 2013

Los curiosos casos de Read & Wright

¿Quién mató a Mr. Tolove?

Amanecía en el pequeño pueblo, y la húmeda niebla se levantaba perezosamente. Una leve claridad anunciaba el alba, oculta detrás de un cielo de plomo. Las casas, silenciosas, dejaban chorrear todavía de sus techos la huella acuosa de la madrugada que acababa de irse. En las calles reinaba el mismo silencio inmóvil y gris de todos los días, pero poco a poco comenzaba a ceder ante la insistencia de un monótono y creciente zumbido que parecía venir desde el horizonte.
Alguien corrió la pesada cortina de la sala para husmear qué era lo que alteraba la callada rutina del poblado, y pudo ver llegar, chapoteando en el fango de la calle principal, un automóvil que se detuvo justo en el medio de la cuadra, y del que vio bajar a dos caballeros que aparentaban debatir sesudamente alguna cuestión de importancia. Sin embargo, a pesar de la concentración que ambos ponían en la charla, sintió que quizás observaran mucho más de lo que parecía.
Las ventanas poco a poco comenzaron a encenderse, pues a pesar de la hora, aún era necesaria la luz artificial para ver con precisión. El ruido del coche había despertado a casi todos los habitantes.
Parados en el medio de la calle, Read y Wright, efectivamente, conversaban para disimular que inspeccionaban minuciosamente el lugar:
-  Mire como sin querer a su izquierda – dijo Mr. Read –: a unos veinte metros, aproximadamente, está el cuerpo.
-  ¿Ha notado algo en particular, inspector?– preguntó Wright.
-  No por ahora, salvo que todas las ventanas se encendieron, excepto una.
-  ¿Quiere decir que hay alguien que todavía no se ha levantado?
-  Imposible, querido Wright. Los habitantes de Adverbial City son muy rutinarios. Siempre se levantan a la misma hora. Y en el caso de que alguien se hubiese quedado dormido, el ruido de un automóvil en medio del silencio al que están acostumbrados estos pobladores, sería motivo suficiente como para despertarse y asomarse a la ventana.
-  ¿Entonces…?
-  Mi querido Wright, eso significa que alguien está despierto desde mucho antes, y que tiene los ojos tan acostumbrados a la oscuridad y a la bruma que no ha necesitado la luz para ver claramente.
Wright sintió que un escalofrío le recorría súbitamente la espalda. Pero Read ni siquiera le dio tiempo para estremecerse:
-  No es de aquí – aseveró–. La vestimenta coincide con la de Mister Tolove, de quien se nos alertó anoche que había desaparecido de su residencia de Verb Town, cuyos habitantes suelen venir a Adverbial City a buscar ayuda cuando necesitan decir algo con precisión.
De a poco, todos fueron saliendo de sus casas, impulsados por la curiosidad, y por una creciente claridad que iba permitiendo ya distinguir el cuerpo tendido sobre el lodo.
En un puño del cadáver, estrujada y manchada de fango, había una margarita a medio deshojar.
Read reunió a su alrededor a todos los vecinos del pueblo y les preguntó sus nombres. Así, uno a uno se fueron presentando Miss Afirmation, Miss Negation, Mister Way, Miss Doubt, Miss Quantity, Mister Place y Mister Time.
-  ¿Alguien sabe quién hizo esto? – preguntó Read señalando el cadáver.
-  No – contestó Miss Negation.
-  Mal lo he de saber, señor. Si lo supiera, buenamente se lo diría –  respondió Mister Way.
-  De todos modos ya es tarde –  sentenció tristemente Mister Time.
-  Probablemente, con su ayuda lo lleguemos a saber – dijo Miss Doubt.
-  ¡Indudablemente! – agregó Miss Afirmation.
-  Usted es excesivamente confiada – replicó Miss Quantity.
-  Aquí algo huele…
-  ¡Mal! – exclamó Mister Way, completando la frase de Mister Place que había quedado trunca precisamente a causa de su exclamación.
-  ¿Lo vieron ustedes alguna vez? – inquirió Read.
-  Quizás… – dijo Miss Doubt.
-  Siempre; anteayer, ayer… Pero… ¡pero mañana...! – gritó Mister Time sollozando.
-  Lo veía acá, allá, allí, acullá, enfrente, cerca, lejos, dondequiera que mirara – aseveró Mister Place.
-  Venía mucho. Lo extrañaremos enormemente – señaló Miss Quantity.
-  Quizás regrese alguna vez – dijo Miss Doubt.
-  ¡Indudablemente se ha vuelto usted loca! – le gritó Miss Afirmation.
-  ¿Recientemente? – preguntó Mister Time.
-  ¡Demasiado loca! – afirmó Miss Quantity.
-  ¡Cierto! – volvió a exclamar Miss Afirmation.
-  Horripilantemente loca – apuntó Mister Way.
-  Sí, puede ser – reflexionó Miss Doubt.
-  No lo creo – refutó Miss Negation.
-  ¡Silencio! – estalló la voz de Wright.
-  ¿Ahora? – preguntó contrariado Mister Time.
-  ¡Sí, ahora! – exclamó Wright enfurecido.
Una bandada de pájaros salió volando espantada de la copa de un ciprés achaparrado y se perdió entre las nubes. Wright se dirigió a Read por lo bajo: “Están todos locos” le dijo en tono de confidencia. Read lo tranquilizó con una palmadita en el hombro.
La calma se posó nuevamente sobre el pueblo. El detective extrajo su libreta y su pluma y solicitó a cada uno su dirección. Una vez que las hubo anotado todas, les pidió cortésmente a los lugareños que volviesen a sus casas y quedó nuevamente a solas con su compañero en medio de la calle.
-  Estimado Wright – dijo –, vaya usted a Scotland Yard y haga que manden un grupo de hombres al 285 de esta calle. Allí arrestaremos al criminal.
-  Pe… pero es donde vive…
-  ¡Exactamente, mi querido Wright! Y si recuerda usted bien, es la casa en cuyas ventanas no se encendió luz alguna.
-  ¿Y cómo sabe que fue…?
-  Simple observación – interrumpió Read –. En un momento determinado, en medio del tumulto, alguien dijo algo que definitivamente no va con su personalidad, cosa por demás extraña en una persona tan tradicional como las de Adverbial City. Seguramente, los nervios le jugaron una mala pasada. Pero usted, mi querido amigo, no lo notó porque se dejó aturdir por el escándalo. Haga memoria, trate de recordar todo lo que se dijo y lo advertirá al instante. Además, trate de aprovechar el viaje para reflexionar acerca de qué moraleja puede sacar de este caso. De todo siempre se aprende algo, créame… Vaya; vaya, mi querido amigo. Yo me quedaré esperándolo. Vigilaré desde la cantina que nadie se escape. No hay nada que me abra más el apetito que investigar.

¿Quién es el asesino? ¿Qué moraleja se puede extraer de esta historia?

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